El otro 14 de febrero

Había transcurrido poco más de una década desde que los españoles habían fundado Santiago y su expansión había sido grotesca.

Los ancianos narraban su historia: unos hombres blancos llegaron atravesando el
mar con animales extraños y gigantes que montaban, su Dios crucificado y su metal. En los relatos de ancianos y otros nativos amigos de los mapuche, conocían el destino que les deparó a los grandes imperios del norte.

Su
ingreso fue como en las historias. Los mapuche, pueblo orgulloso y guerrero, empezaron a chocar con la maquinaria de la posesión española. Pero el conflicto escaló tras medida
tomada por el rey ibérico Felipe III, quien autorizó la esclavitud de
todos los indígenas rebeldes mayores de 9 años y medio para las niñas, y
10 años y medio para los hombres.

Pero la codicia corrompió al español. Esta medida incitó a que “empresarios de la
conquista” realizaran campañas para capturar esclavos, mediante el
hostigamiento y posterior captura de nativos chilenos.

La mayoría de los mapuche capturados trabajaban entre los ríos Maule y Biobío. A pesar de esto, conservaron el contacto con los mapuche al sur de la
frontera y mientras esperaban el llamado para alzarse.

Sublevación general de 1655

El 14 de febrero de 1655 fue el día fijado en el que los mapuche al sur del Biobío como los
esclavos al norte de éste se alzaron al unísono. “La violencia genera violencia”, por lo que los cautivos
mataron a sus amos, robaron el ganado, las mujeres, objetos de valor y
quemaron las propiedades. Al otro lado de la frontera grandes
concentraciones de guerreros asesinaron las guarniciones.

Los fuertes al norte del río fronterizo fueron tomados uno por uno, incluso algunos entre el Perquilauquén y el Maule. Chillán, a pesar de resistir con éxito los asaltos fue abandonada.