PELIGRO

Todos somos gamers

Gracias a un conjunto de revistas y correctamente reciclado por las mentes  marketeras, hoy se celebra “El día del gamer”. Y Chile es bueno para celebrar “los días de…”, así que saliendo de los publirreportajes que pudiesen encontrar en medios tradicionales, quiero contarles más sobre estilo de vida y la evolución que “el gamer” ha tenido, desde la perspectiva de alguien que con 32 años de vida ha estado machacando botones (y eso se traduce en HARTAS horas de juego).

Si nos remontamos a los primeros videojuegos, tenemos que hacer honor y justicia a las máquinas de arcade. Ellas fueron las iniciadoras de la primera horda de personas que estuvimos jugando. 1942, Moon Patrol, Operation Wolf, Elevator Action, Space Invaders, Double Dragon, Pac-man (y su versión transgénero Ms. Pac-Man), Gyruss, los juegos de dibujos o mujeres en topless que debías destapar mediante una serie de puzzles o ganándoles al póker (oh sí, también teníamos de aquellos en ese tiempo), el sangrientamente bello Mortal Kombat y su piedra filosofal Street Fighter, hasta los polígonos de Virtua Fighter y los juegos de baile, el salón de arcade fue para muchos  “la puerta de entrada a drogas más duras” el inicio de una forma lúdica para perder el tiempo.

La meta era clara: sacar siempre el puntaje más alto y/o eliminar la mayor cantidad de contendores. Si lo hacías, podías tener una fila de personas intentando “sacarte” del juego y espacio en donde uno solía encontrarse con “rivales” del juego, socializar y de repente, hacer amistades con personas que habían sido encantados por la magia que entregaban los pixeles.

En ese entonces, solo niños y adolescentes nos metíamos en estos “salones de arcade” (o de flipper, o máquinas). Nuestros padres solo miraban con recelo tales antros, con la amenaza fantasma de eliminar recursos si bajábamos en notas para poder ir a tales tugurios.

Los arcades tenían un rival que en principio, distaba mucho de la calidad que entregaban. Los primeros computadores disponibles en las casas de manera masiva fueron la línea de Ataris 800 y 2600. Jugar ahí era como ver cine mudo, siendo que en las máquinas no sólo tenías mejores gráficos sino que además, socializabas (o te cogoteaban, si tenías mala suerte).

Eso se mantuvo hasta que apareció el factor Nintendo.

A fines de los 80s, apareció esa consola mágica con una sola promesa: salvar a la princesa de Koopa (o Browser). Nintendo junto con su competidora, Sega -quien en ese entonces mostraba cómo el rapidísimo Sonic rescataba otros animalitos tras haber sido transformado en robots por parte del Doctor Robotnik- se transformaron en objeto del deseo infantil de toda una generación, y generó la primera diáspora del salón de arcade al living de las casas.

Casi de manera paralela, a principios de los 90s, aparecían los primeros PCs y con ello, maravillas como el Prince of Persia o los Lemmings. Pero la aparición del Wolfenstein y el Doom. Juegos donde la tónica infantil ya no estaba de manera absoluta. Con ellos, la primera evolución etaria y notoria de los gamers, donde veíamos ya a adultos empoderarse del mouse y el teclado, combinación que se terminaría tomando varias de sus noches.  Internet también fue un plus para los tarros, donde podíamos acceder a los primeras conexiones para descargar este tipo de vicios. Y obviamente, los tarreos.

De ahí, nos fuimos al infinito y más allá.

Múltiples consolas y empresas que han lanzado productos para que nos entretengamos de una manera distinta a la vista en la historia de la humanidad. Historias que cautivan, maravillan, interactúan y cuya premisa es pedir de nuestra habilidad para conocer su desenlace.

Hoy los gamers son metaleros, otakus, lanas, reggaetoneros, oficinistas, empresarios, políticos. Incluso hasta mis viejos, quienes disfrutan del Candy Crush y Plants vs Zombies.

Hoy un gamer es quien se emocionó con las historias de Last of Us o Bioshock 3, rió a mares con el GTA San Andreas o el Saints Row. Aquél que celebró un pentakill en League of Legends o aplaudió un headshot en su FPS favorito. El que se queda nivelando a deshoras su personaje en su MMO (o MOBA) favorito, o se enfrasca en una batalla de estrategia en tiempo real como un zerg, terran o protoss. Ser gamer es pasear a tus amigos en el FIFA o el PES. El youtuber loco que grita como nena en los juegos de terror. Incluso el que se arranca con su portátil a jugar en la micro, el paradero, el metro e incluso quien pasa su etapa loca en el baño.

Todos esos son gamers y seguramente, dejé fuera a muchos. Pero más que toda edad, sexo o religión, ser gamer es quien todavía busca mantener algo que sentimos al ver los primeros colores, historias y sonidos a través de una pantalla: la capacidad de asombro y entretención que mantenemos desde el primer día que descubrimos que hay más de un mundo, más de una vida, y más de una historia en nuestra cabeza.

Para todos ellas y ellos, feliz día del gamer.

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